Irán se prepara para un ataque de Estados Unidos con despliegue militar

Internacional

Teherán mantiene también la represión para impedir un resurgimiento de las protestas contra el régimen.

Por Redacción, 21 de febrero de 2026

“Un buque de guerra es un instrumento poderoso, pero más peligroso aún es el arma que puede enviar a ese barco al fondo del mar”. Ali Jameneí, el clérigo chií que desde 1989 rige el destino de Irán, aludió así el martes al despliegue militar estadounidense en Oriente Próximo en un discurso en Tabriz, en el noroeste de Irán. 

 

El líder supremo iraní recordaba así que su país responderá a cualquier ataque militar con todo lo que tiene, especialmente esos misiles a los que se refería al mencionar de forma implícita a los portaaviones estadounidenses. Jameneí admitió luego que Irán tiene enfrente al ejército más poderoso del mundo, pero lo hizo para reiterar ese “no hay enemigo pequeño” con el que la República Islámica trata de disuadir de atacar a la superpotencia. 

 

Estados Unidos y su aliado israelí se miden con Irán desde una superioridad militar abrumadora. En ese contexto, la República Islámica se prepara a marchas forzadas para ese conflicto bélico que, por tercera vez desde enero, se anuncia como inminente y sobre el que Donald Trump se ha dado un plazo de entre 10 y 15 días para decidir. 

El presidente de Estados Unidos ha confirmado este viernes que sopesa un ataque selectivo contra Irán para presionar a ese país a que acceda a un acuerdo sobre su programa nuclear. 

 

Medios de comunicación israelíes afirman que ya existe coordinación de inteligencia y de defensa entre Israel y el Pentágono con vistas a ese ataque que, según funcionarios israelíes citados por el diario Haaretz, efectivamente podría desencadenarse en días. Incluso antes de que expire el plazo mencionado por Trump y de la visita a Israel a finales de febrero, anunciada por Reuters, del secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo fin es abordar la cuestión iraní con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. 

 

Ante ese horizonte, la estrategia defensiva y/o disuasoria iraní se declina en una batería de medidas y de amenazas, tanto de ataques convencionales como de guerra híbrida. 

 

Entre las primeras, destaca la exhibición de músculo militar mediante el despliegue de fuerzas, estos últimos días navales, para recordar a Washington que su enemigo no es tan irrelevante y minar la percepción de debilidad del régimen iraní que la Casa Blanca demuestra tener. Entre las amenazas híbridas destaca una: el cierre del estrecho de Ormuz. 

 

El lunes, con el portaviones estadounidense USS Abraham Lincoln y su grupo de combate estacionados cerca y el colosal USS Gerald R. Ford de camino, la fuerza naval de la Guardia Revolucionaria iraní inició unas maniobras en ese estrecho, que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Al día siguiente, la agencia semioficial Fars anunciaba el cierre parcial durante unas horas del tránsito marítimo por esa arteria vital, en teoría para permitir los ejercicios con buques de guerra, helicópteros, drones y misiles. Este jueves, los ejercicios se desplazaron al golfo de Omán y en ellos participaron barcos rusos. 

Irán amagaba así con ese posible bloqueo de la arteria marítima por donde transita una cuarta parte del crudo mundial, según la Agencia Internacional de la Energía, y prácticamente toda la producción petrolera de Oriente Próximo. De ser clausurado, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait perderían su única vía para exportar su oro negro, mientras que el mayor vendedor de petróleo del planeta y gran aliado de Trump —y del emporio de su familia—, Arabia Saudí, vería reducidos a la mitad los 10 millones de barriles que exporta diariamente. 

 

Sin embargo, ese cierre —o el minado de las aguas del Estrecho— sería para Irán “pegarse un tiro en el pie”, destaca por teléfono Eldar Mamedov, investigador no residente del centro de estudios basado en Washington Quincy Institute for Responsible Statecraft (Instituto Quincy para una política responsable). Ormuz es también la principal vía por la que Teherán exporta su petróleo, fundamentalmente a China, y esa es la bombona de oxígeno que mantiene con vida su economía. 

 

Fuente: El País